Comenzamos con reducir las tareas del hogar, en vez de dos baños sólo damos uno.
Natalia tenía sus responsabilidades: debía estirar su cama, vestirse y preparar su lonchera. Algunas mamás que conozco me pedían permiso para mandar a sus hijos de vacaciones a mi casa, para que los pusiera en cintura.
No todo fue trabajo y obligaciones. A la semana de salir de viaje Marco, suspendieron las clases en el colegio de ambos niños, gracias al Ministerio de Educación. Como no podía contra ellos me les uní. Nos fuimos todos los días a la piscina. Tantas veces los llevé, que Natalia me decía: No quiero ir más, mamá.
Un día para variar nos fuimos al zoológico de contacto Expanzoo. La cara de Gabriel lo dice todo.
Podías comprar zanahorias y darle de comer a los animales. A Natalia no le hacía mucha gracia, salvo por los monos que sacaban la mano para que le dieras la comida. Lo importante fueron las instrucciones.
Fue un día diferente y divertido. Creo que como recuerdo, además de las fotos, me traje una garrapata, que descubrió Natalia en la parte de atrás de mi rodilla unos días después. No creo que lo vendieran en la tienda de regalos, eran gratis.
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