Nos fuimos a Margarita (Isla de Margarita, al norte de Venezuela) cuatro días. Queríamos disfrutar del ambiente de playa y no tener que hacer nada. Llovió bastante, pero lo bueno fue que si llovía en la tarde, no lo hacia en la mañana y viceversa, así que pudimos disfrutar algo.
En la primera foto se ve a Natalia y Gabriel esperando en el aeropuerto de La Guaira. Gabriel está estrenando su coche, hasta ese día iba en un portabebe que se adaptaba al coche.
Llegando al hotel. Gabriel se hecho una buena siesta. Me gusta mucho esta foto. Él toma las posiciones más rara. Siempre tapándose la cara.
Inmediatamente Marco atacó el bar y se echó en una camilla. Gabriel lo miraba preguntándole porque estaba tan desesperado.

El comedor era una gran churruata. Natalia estaba feliz, porque desayunaba: panqueca, huevo frito, platanos (tajadas) y arepitas. En las otras comidas no se servía tanto, aunque redescubrió el cambur, que lo tenia olvidado.

Vimos varios animales. Y no me refiero a un congreso que llegó el ultimo día que abarrotaba el buffet. Iguanas y guacamayas paseaban libre por ahí.
Natalia aprendió a decir: Fruitponch (no estoy segura cómo se escribe) y parchita colada. Menos mal que eran bebidas sin alcohol, porque alguien tenía que llevar a sus padres de vuelta a la habitación.

Salimos una mañana al Sambil, un centro comercial de Margarita. No vimos muchas cosas. Nos gustó la decoración de Navidad.


Me compré unos lentes que tapan los ojos, los cachetes y hasta la boca, del sol.
Natalia bailó todo lo que pudo en las fiestas del hotel. Desde Macarena hasta el baile del gorila. Marco agarraba a su muchacho y con la excusa de la lluvia se iba a la habitación temprano.

El único día que hizo buen sol fue cuando nos íbamos. De hecho, no bañamos a Gabriel porque siempre hizo frío. Pero nos dio chance de tomarnos aunque sea una foto.








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